Rosalía (Sant Cugat del Vallés, Barcelona, 1992) vuelve a ocupar titulares, pero no por un lanzamiento musical inmediato ni por un gran concierto internacional. Esta vez lo hace desde las páginas de la revista ELLE, que en su número de septiembre le dedica una entrevista en exclusiva acompañada de una sesión fotográfica de impacto firmada por Inez & Vinoodh. Una Rosalía íntima y reflexiva, que se abre sobre su vínculo con la música, sus referentes y su forma de entender la creación artística.
La artista, que en 2022 revolucionó el pop global con Motomami, reconoce con humildad que su originalidad no existiría sin la herencia de quienes la precedieron. «No podría componer mi música si no hubiera una tradición de la que aprender y beber», confiesa, aludiendo a figuras como Camarón de la Isla y Enrique Morente, además de dos iconos internacionales como Björk y Kate Bush. “Si ellas existen, entonces hay otra forma de hacer pop”, sentencia.

En un momento vital marcado por la introspección, Rosalía se mantiene alejada del foco mediático, inmersa en un proceso creativo más silencioso y personal. Aunque no ha revelado aún el rumbo de su próximo álbum, sí ha mostrado en redes esa fase de búsqueda y recogida de historias que inspiran su música. “Soy consciente de las historias que hay previas a mí y de las que están sucediendo a mi alrededor. Las recojo y las comparto; no me pongo en el centro”, explica.
La cantante defiende la importancia de la privacidad como semilla para la creación. “Björk dice que para crear se requiere de periodos de privacidad; para que una semilla crezca necesita oscuridad”, reflexiona. A esa idea suma otra visión muy personal del tiempo y la autenticidad: «La inmediatez de hoy día no es el compás del alma. Y para crear de manera honesta, tienes que saber qué ritmo sigues».
El pulso acelerado de la industria musical también es una cuestión que le preocupa. «El ritmo (de la industria musical) es muy rápido. Y el sacrificio, el precio a pagar, muy alto», admite, antes de añadir que su motor creativo está lejos de intereses superficiales. «La fuerza motriz que te lleva a seguir haciendo música tiene que provenir de un lugar puro. Razones como el dinero, el placer o el poder no creo que sean fructíferas. De ahí no va a salir nada que me interese de verdad. Son temas que no me inspiran».
Más allá de la música, Rosalía se atreve a explorar nuevos territorios. Tras debutar en el cine con Pedro Almodóvar en Dolor y gloria, ahora prepara su incorporación al reparto de la tercera temporada de Euphoria, donde ha coincidido de nuevo con Hunter Schafer, actriz con la que mantiene una estrecha amistad. En lo personal, siempre discreta con sus relaciones, este verano ha sido vista en varias ocasiones junto al actor y cantante alemán Emilio Sakraya.

Rosalía, que siempre ha defendido que su vida está ligada a la música de forma inseparable, también responde con firmeza a quienes cuestionan su silencio artístico. «Es curioso cuando la gente dice que he dejado la música. ¡Eso es imposible si eres músico! No es algo que se pueda abandonar».
En la moda, tampoco se deja encasillar. «Para mí, el estilo es una prolongación de la expresión», afirma. Y lo demuestra en la sesión de ELLE, donde reinterpreta en clave contemporánea dos de las obras más célebres de Goya: La maja vestida y La duquesa de Alba de blanco. Una propuesta visual que refuerza su papel como icono cultural del siglo XXI, capaz de tender puentes entre tradición y modernidad.
Mientras el mundo espera su próximo movimiento musical, Rosalía avanza a su propio ritmo. Ni prisas ni etiquetas: solo el compás que marca su espíritu creativo.
















