José Coronado ha sido muchas cosas a lo largo de su vida. Modelo, empresario, médico y abogado en formación, jugador de mus y ajedrez, paracaidista y, sobre todo, actor. A sus 69 años, el intérprete madrileño continúa encadenando proyectos y formando parte de algunas de las producciones más destacadas del cine y la televisión española.
Lejos de plantearse una retirada, Coronado mira al futuro con la misma curiosidad con la que ha afrontado las distintas etapas de su carrera.
En una entrevista exclusiva con Esquire, el actor reconoce que hubo un momento en el que sí llegó a preguntarse qué haría cuando alcanzase los 65 años. «Hace unos diez años empecé a pensar en qué hacer cuando llegara a los sesenta y cinco, si sería hora de dejarlo… ¡Mentira!», bromea.
Ahora, con esa edad ya superada, tiene clara su respuesta: «Me doy cuenta de que quiero vivir hasta el último día jugando, eso es esta profesión. Yo quiero seguir divirtiéndome en la vida. Y, si tengo la oportunidad de seguir haciendo personajes, de la edad que sean, ahí estaré».

Esa relación con el paso del tiempo también se refleja en los personajes que interpreta. Coronado recuerda cómo ha ido transformándose su carrera con el paso de los años: «Cuando empecé era solo un galán, luego me pasaron al lado oscuro y era el tipo duro del cine español. Después empecé a poder hacer personajes con más aristas… Vas pasando etapas». Una evolución que asume con naturalidad y hasta con humor. «Yo sigo pensando que puedo ser perfectamente El Coyote o Don Juan Tenorio, pero la realidad es que ahora mismo me va mejor ser el abuelo de Heidi», asegura entre risas. «Es una broma, aunque quizás no tanto, hay que asumir ese maravilloso paso de la edad».
Su presente pasa por El problema final, la nueva serie de Netflix basada en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. En ella interpreta a un veterano actor que ha encarnado en numerosas ocasiones a un policía, un personaje que, reconoce, encajaba especialmente bien con su trayectoria. «El personaje me venía muy bien, por mi trayectoria y por mi edad», explica.
La adaptación ha contado además con la implicación directa de Pérez-Reverte, algo que Coronado valora especialmente. «Confiaba mucho en mí», señala el actor, que asegura que el escritor estuvo muy involucrado durante el rodaje. «Me consta que está contento porque estuvo con nosotros incluso en el rodaje, dio el visto bueno a todo y estuvo muy involucrado. Exigió que tuviese una muy buena producción y que estuviese muy bien cuidada».
Un Rey Lear como culminación
A pesar de llevar décadas delante de las cámaras, José Coronado todavía tiene personajes pendientes. El actor reconoce que ha aprendido a no obsesionarse con aquello que no puede controlar y a disfrutar de las oportunidades que aparecen en cada momento. «He aprendido en este maravilloso oficio a enamorarme de lo que tengo entre manos. El azar es muy importante en esta profesión e ilusionarte con cosas imposibles luego te lleva a frustraciones», explica.
Eso no significa que no tenga algún sueño profesional por cumplir. Entre ellos está uno de los grandes personajes del teatro universal: Rey Lear. «De los que sí puedo hacer, en teatro, me gustaría hacer un Rey Lear. Soy un enamorado de Shakespeare y sería como una culminación para mi carrera», reconoce. Aunque, fiel a su filosofía, añade: «Al margen de eso, vivo con los pies bastante en la tierra».

Y es precisamente esa mirada hacia el futuro la que parece haber desplazado cualquier preocupación por el legado. Coronado no está especialmente interesado en cómo será recordado cuando ya no esté delante de las cámaras. «No tengo especial interés en que me recuerden, más allá de mi familia y la gente que me conoce y me quiere», afirma. «El resto del mundo verá mis películas y me recordará porque estaré allí, en sus casas, pero eso me importa poco».
Su deseo es otro: que lo que permanezca sea su manera de relacionarse con los demás. «Yo quiero que la gente me recuerde porque he sido buena persona, pero no por un personaje que hice», sentencia.
«Lo recuerdo como una bendición»
En la conversación con Esquire, el actor también echa la vista atrás hacia uno de los episodios que marcó su vida: el infarto que sufrió en 2017. Casi una década después, asegura que lo afronta desde la distancia y sin miedo. «Ya de eso ni me acuerdo. A todo el mundo le pasan esas cosas, hay que desdramatizar en ese sentido», explica.
Aquel episodio le sirvió, eso sí, para cambiar algunas prioridades. «Aprendí la lección en su momento, a priorizar, a relativizarlo todo. Después, me olvidé de ello. No quiero vivir con el miedo de que me pueda dar otra vez. Que pase cuando tenga que pasar», afirma.
Incluso llega a definir aquella experiencia como «una bendición» por lo que supuso en su manera de entender la vida. «Lo recuerdo como una bendición que me vino, una señal para saborear más la vida y lo que de verdad importa», sostiene.

En aquellos días recibió también el apoyo de algunos compañeros, entre ellos Antonio Banderas. Coronado recuerda especialmente el mensaje que le envió el actor malagueño: «Lo primero, Jose, es asumirlo y, a partir de ahí, a sonreír hacia adelante». Unas palabras que, asegura, nunca olvidó.
De Cary Grant a Robert De Niro
La carrera de José Coronado también se ha construido a partir de referentes. En sus primeros años, reconoce que Victoria Abril fue una de las intérpretes que más le impresionó. Hoy, sin embargo, sitúa a Javier Bardem como su gran referente español: «Ahora el que me impresiona es Javier Bardem, sin duda alguna».
Pero sus influencias también llegaron desde Hollywood. Cuando comenzó a trabajar como actor, su presencia física y su condición de galán le llevaron a fijarse en Cary Grant. «Para ser galán tomé a Cary Grant como referencia», recuerda. Con el tiempo entendió que el cine estaba cambiando y que necesitaba buscar otro tipo de naturalidad.
«Vi que estábamos en otra época, en la que se requería más organicidad y naturalidad. Entonces busqué al rey de eso: Robert De Niro», explica. Así, entre dos referentes tan distintos como Grant y De Niro, Coronado fue construyendo su propia manera de enfrentarse a los personajes.
Ahora, después de más de cuatro décadas de trayectoria, el actor afronta una nueva etapa sin intención de bajar el ritmo. Puede que ya no interprete los mismos papeles que en sus comienzos, pero sigue encontrando motivos para ponerse delante de una cámara o subirse a un escenario. Y, por encima de todo, mantiene intacta la idea que parece haber guiado su carrera: seguir jugando mientras la profesión se lo permita.













