En su número de enero, ELLE lleva a portada a Georgina Rodríguez (Buenos Aires, 1994), quien atraviesa un momento de transformación personal que la ha llevado a mostrarse, por primera vez, como la versión más genuina de sí misma. Tras años intensos marcados por la maternidad, nuevos proyectos y desafíos que la han empujado a crecer, la empresaria e influencer celebra hoy una etapa de vida más consciente, agradecida y fiel a su esencia.
«No tengo doble fondo y me caracteriza la transparencia. Soy lo que ves», confiesa con la naturalidad que la ha hecho famosa. Al mismo tiempo, reivindica la madurez que ha alcanzado: «Mi esencia es la misma, pero tengo otras posibilidades y experiencias que me vienen dadas no sólo por mi estilo de vida, también me las trae la edad. No me considero la misma que cuando tenía 20 años. ¡Raro sería!«.
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Lejos de conformarse con el papel de «pareja de», Georgina se ha empeñado en demostrar que brilla por sí misma, más allá del astro del fútbol Cristiano Ronaldo, su futuro marido y padre de sus hijos. La tercera entrega de Soy Georgina (Netflix) lo confirma: la influencer se consolida como una celebrity de proyección internacional, con carisma, humor y determinación para emprender nuevos proyectos. Uno de ellos es Bellhatria, su recién inaugurada inmobiliaria de lujo, que refuerza su faceta empresarial.
A pesar de su apretada agenda –cinco hijos, viajes, grabaciones y trabajo constante–, Georgina se declara imparable: «Soy un torbellino que nunca para. Que cuente con ayuda no implica que no tenga nada de lo que ocuparme. Entre mi familia numerosa, mis proyectos profesionales o mi nueva empresa, jamás estoy quieta. Pero tanta actividad me encanta, me siento una persona muy afortunada», asegura.
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En lo personal, combina dulzura y firmeza. Reconoce que en casa es la madre «consentidora y paciente», pero también quien inculca valores como el esfuerzo, la humildad y la bondad a sus hijos. Sobre su historia con Cristiano, habla con enorme emoción: «Sentí una conexión que iba mucho más allá de lo físico. Fue como si nuestras almas hablaran entre sí antes que las miradas. Algo dentro de mí reconoció algo dentro de él, y desde ese mismo instante supe que esa afinidad era completamente diferente y única».
Ese vínculo se ha consolidado con el tiempo, los hijos y un mediático anillo de compromiso que, confiesa, la dejó sin palabras durante horas. La pareja ha decidido que la celebración del enlace será íntima, respetando su privacidad a pesar del intenso foco mediático que les acompaña.
Además, Georgina asume su fama con naturalidad y gratitud. Aunque llegó de manera repentina, no la rehúye; al contrario, la ve como una herramienta que le permite ayudar a los demás y abrir nuevas puertas en lo profesional. «Ahora mi visibilidad es una oportunidad para inspirar, para enseñar que se puede crecer y desarrollarse mientras se es auténtico y se cuida a la familia», explica.
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En esta nueva etapa, Georgina Rodríguez combina la maternidad, los negocios y la exposición pública con un equilibrio que la define como mujer, madre y empresaria. Entre entrevistas, rodajes y nuevas inversiones, se muestra consciente de su evolución: ha aprendido a priorizar su esencia y, sobre todo, a vivir fiel a sí misma. «Soy lo que ves», repite, cerrando con claridad y sencillez una etapa de aprendizaje, ambición y felicidad que aún promete muchas páginas por escribir.














