España ha dado un paso histórico este 4 de diciembre al confirmar que no participará en Eurovisión 2026. La decisión llega justo después de que la Asamblea General de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), reunida hoy en Ginebra, haya aprobado por mayoría la participación de Israel en la próxima edición del festival, a pesar de las críticas internacionales y de los llamamientos a suspender temporalmente al país por su ofensiva en Gaza. Con este escenario, RTVE ha cumplido lo que ya había advertido meses atrás: si Israel seguía adelante, España no estaría.
El movimiento no pilla por sorpresa. Desde septiembre, el Consejo de Administración de RTVE había dejado claro que la emisora pública no acudiría a la cita musical más seguida de Europa si la UER no garantizaba un marco neutral y una votación secreta sobre el caso israelí. Nada de eso ocurrió. La UER rechazó la petición del voto secreto y también se negó a suspender temporalmente a la emisora israelí KAN, un gesto que, para RTVE, habría demostrado mínimos de coherencia interna en un contexto tan delicado.

Con la situación prácticamente encarrilada, RTVE ha confirmado también que no emitirá ni las semifinales ni la gran final de Eurovisión. Es decir: España se cae por completo de la ecuación. Una ruptura que pone fin, al menos temporalmente, a más de sesenta años de presencia ininterrumpida en el festival y a toda una tradición eurovisiva que forma parte del imaginario cultural del país.
La decisión, inevitablemente política, ha encontrado respaldo inmediato dentro del Gobierno. Desde sectores del Ejecutivo se aplaude que RTVE mantenga una postura firme en defensa de los derechos humanos, argumentando que no se puede “blanquear” la situación en Gaza bajo el paraguas de un evento cultural que presume de neutralidad. Para otros, sin embargo, supone perder un espacio de visibilidad internacional y renunciar a un festival que siempre ha funcionado como altavoz para la música y la diversidad cultural.
España no es la única que se baja del escenario. Países como Irlanda, los Países Bajos o Eslovenia también han anunciado su retirada tras la decisión de la UER. El efecto dominó evidencia que Eurovisión 2026 será una de las ediciones más tensas de los últimos años y que el debate sobre el papel político del concurso está lejos de apagarse.

Otro punto clave es qué ocurrirá ahora con el Benidorm Fest. El certamen, que en las últimas ediciones se había consolidado como uno de los grandes eventos musicales televisados del país, queda sin función principal: elegir al representante español para Eurovisión. RTVE no ha detallado aún si mantendrá el formato, si lo rediseñará o si quedará en pausa hasta nuevo aviso.
Lo que sí ha dejado claro la corporación es que su retirada no es necesariamente definitiva. RTVE ha abierto la puerta a un posible regreso, pero solo si se restablecen condiciones que garanticen neutralidad, justicia y respeto a los derechos humanos. Hasta entonces, España mirará Eurovisión desde fuera. Y, por primera vez en décadas, el festival tendrá una gran ausencia que marcará un antes y un después.














