“Es justamente en el siglo XIX cuando aparece la patologización del deseo femenino”, explica Valerie Tasso, reputada sexóloga, embajadora de LELO España y autora del bestseller Diario de una ninfómana, de 2003, la historia autobiográfica de una mujer que acaba ejerciendo la prostitución de lujo. “La época victoriana fue probablemente la más oscura para la mujer, con el auge de la clínica y de la psiquiatría, que se encargaron de etiquetar y controlar la sexualidad en general, y la femenina en particular”.
La reina Victoria, icono de valores férreos y moral estricta, se convirtió en el espejo de una sociedad que prefería ver a la mujer como un ser asexuado. Y si alguna manifestaba deseo, la medicina lo convertía en diagnóstico: “histeria”. El tratamiento, tan paradójico como revelador, consistía en inducir lo que se llamaba “paroxismo histérico” —lo que hoy llamamos orgasmo— mediante masajes manuales o duchas pélvicas, siempre bajo supervisión médica.

Con el tiempo, la práctica derivó en innovación tecnológica. George Taylor presentó en 1869 un rudimentario aparato a vapor, y en la década de 1880, Joseph Mortimer Granville diseñó el primer vibrador electromecánico, ideado para aliviar contracturas y tensiones. “Cuando se descubrió su uso en el tratamiento de la histeria femenina, Granville intentó desmarcarse, pero la realidad es que abrió la puerta a una revolución íntima que acabaría saliendo del ámbito clínico”, recuerda Tasso.
Ya en el siglo XX, compañías como Hamilton Beach comercializaron vibradores eléctricos en grandes almacenes, bajo la etiqueta de aparatos de bienestar. Y en los años sesenta, el famoso Hitachi Magic Wand consolidó el vibrador como un objeto cultural, asociado a la liberación femenina y al derecho al placer propio.
“La despatologización del deseo femenino llega cuando la sexualidad deja de ser tratada como un problema médico y pasa a estudiarse desde la sexología”, apunta la experta. “Ahí empieza un camino imparable hacia el autodescubrimiento, el disfrute y la emancipación de la mujer”.

Hoy, más de un siglo después, ese recorrido cristaliza en piezas que son auténticos objetos de diseño. Un ejemplo es LELO Switch™, que —como explica Tasso— “reinventa la varita clásica y la eleva a un nivel de sofisticación que responde a la mujer contemporánea: independiente, consciente y dueña de su sensualidad”. Este dispositivo híbrido de doble extremo combina placer externo e interno y se conecta a una aplicación móvil, transformando el autocuidado en una experiencia multisensorial y consciente.
“De la patologización a la libertad, del consultorio médico a la intimidad de cada mujer. Ese es el verdadero viaje del deseo femenino”, concluye Valerie Tasso.
“LELO Switch™ representa una nueva forma de explorar el placer de manera consciente, conectando la sensualidad con la relajación y el bienestar general”, explica Valerie Tasso, sexóloga y escritora. “El diseño de doble extremo es una innovación esencial: invita a cada mujer a elegir cómo y cuándo disfrutar distintas sensaciones, fomentando el autoconocimiento y la autonomía sexual”, destaca.














